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Sexo con robots…

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Ingenieros holandeses han conmocionado al mundo con la afirmación de que en pocos años las famosas prostitutas de Ámsterdam serán reemplazadas por robots.

Esta revolución tecnológica será posible gracias a la labor de los ingenieros que han creado una nueva generación de androides, hechos de un material resistente a las bacterias.

Sexo más seguro, desaparición de la prostitución infantil, reducción de las enfermedades de transmisión sexual… todo son ventajas en ese terreno según sus impulsores.

Además, los autores de la idea aseguran que este tipo de prostitución resolverá muchos problemas. Por ejemplo, privará a los hombres del sentimiento de culpabilidad ante su pareja, ya que “después de realizar un acto sexual con un robot probablemente no lo considerarán como infidelidad”.

Al principio, utilizar los servicios de un robot en Ámsterdam será posible en clubes especiales que funcionarán bajo el sistema ‘todo incluido’.

No obstante, este tipo de ‘entretenimiento’ no estará al alcance de todos los bolsillos, ya que el servicio costará alrededor de 7.500 de euros. Por este precio el cliente tendrá la posibilidad de elegir cualquier nacionalidad del androide con una inmensa variedad de características morfológicas.

A mediados de abril de este año los investigadores Ian Yeoman y Michelle Mars de la Universidad de Wellington de Nueva Zelanda publicaron un informe, en el que afirman que “para el 2050 los robots sexuales se convertirán en los principales protagonistas del sexo”.

Aunque ya en éstos días ha sido presentada como una exclusiva mundial en la Exposición del Entretenimiento Adulto (ANV), en Las Vegas.

La robot está dotada de inteligencia artificial, tiene el tamaño de una persona y una piel sintética que imita a la humana. Cuesta entre 7.000 y 9.000 dólares.

Las muñecas inflables pertenecen al pasado: de tamañó natural, inteligencia artificial y piel sintética que imita a la de una mujer, Roxxxy fue presentada como primicia mundial en la exposición de productos para adultos del salón AVN de Las Vegas (EEUU) por la firma TrueCompanion.

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“Te escucha, te habla, te hace compañía y se va a dormir con vos, como una persona normal”, explica Douglas Hines, manager de la sociedad TrueCompanion, creadora de Roxxy.

Roxxxy, que mide 1,73 metros de altura y pesa 54 kilos, posee órganos sexuales artificiales y un esqueleto articulado que es posible mover como el de un ser humano, aunque no puede caminar ni moverse de manera autónoma.

“Es una verdadera compañera. Tiene personalidad. Escucha y entiende. Habla y siente cuando uno la toca.” 

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En síntesis, tratamos de reproducir todas las características de una personalidad humana”, afirma Douglas Hines, un ingeniero que trabajó en inteligencia artificial en los laboratorios Bell antes de crear a Roxxxy.
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Ella está disponible en cinco personalidades, entre ellas “Wild Wendy”, de carácter aventurero y extrovertido; “Frigid Farrah”, reservada y tímida; “Mature Martha”, maternal y “S&M Susan”, la dominadora.

Los clientes pueden personalizar su modelo de Roxxxy, eligiendo por Internet el color de la piel, de los cabellos e incluso sus medidas. La empresa prevé asimismo diseñar pronto un muñeco-robot. En EEUU y Europa, este juguete sexual de lujo cuesta entre 7.000 y 9.000 dólares, según las opciones.

Entre otros proyectos

No todo el mundo comparte esta visión de un futuro en el que los humanoides serían fuente de placer tórrido en la cama y tras el acto sexual quien lo deseara podría recibir, como plus, conversaciones preprogramadas.

Muchos piensan, no obstante, que ello es factible, habida cuenta de los progresos realizados en la reproducción de los músculos y los movimientos de los humanos, o en inteligencia artificial, concretamente en la imitación de emociones y de aspectos de la personalidad.

En noviembre de 2011, los investigadores de la Universidad de Waseda, en Japón, presentaron un robot que sabe cocinar y utilizar sus suaves manos bañadas en silicona para interactuar con los humanos.

Según él, el robot sexual Gigolo Joe, encarnado por Jude Law en el cine y habilitado para ofrecer conversación y ayuda emocional, además de placer sexual, bien podría convertirse en algo real en menos de cuarenta años.

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Otros expertos son escépticos. “No creo que vayamos a tener robots ‘parecidos a los humanos’ en ese lapso de tiempo”, estima Frédéric Kaplan, investigador en la Escuela Politécnica Federal de Lausana, en Suiza.

Kaplan, programador del cerebro del entrañable perro de Sony ‘Aibo’, se pregunta si de verdad queremos robots a nuestra imagen y semejanza.

David Levy, por el contrario, está convencido de que existe una demanda en este terreno.

Una compañía japonesa, Axis, ya fabricó lo que podría ser considerado como los primeros robots sexuales.

Se llaman Honeydolls y son muñecas de resina y silicona de tamaño real equipadas en cada seno con sensores conectados a un sonido. Si el usario pellizca sus pezones, Cindy emitirá gritos de placer y susurrará palabras acarameladas a su oído.
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Las mujeres también se dejarán tentar por los robots sexuales, estima David Levy, quien hace hincapié en el aumento de las ventas de vibromasajes en el mundo entero y el fin de los tabúes.

Lo que para Levy representa una vida sexual desenfrenada sin sentimientos de culpabilidad y libre del contagio de enfermedades constituye para otros una pesadilla desesperante.

“Me parece descabellado pensar que seres humanos se vayan a enamorar de robots”, afirma la sexóloga estadounidense Yvonne K. Fulbright, aunque reconoce que los robots sexuales tienen cabida en el mercado.

“Hay un verdadero problema con los robots sexuales: las personas se sentirán fracasadas si es su única solución”, intenta adelantarse la profesional Fullbright.

El académico británico Dylan Evans señala la paradoja inherente a cualquier tipo de relación con un robot.

“Lo que es absolutamente crucial con el sentimiento del amor es la creencia de que el amor no es incondicional ni eterno. Los robots no pueden escogerlo a uno, no pueden rechazarte. Esa relación se puede convertir en algo muy tedioso, y podemos imaginarnos al humano volviéndose cruel hacia su indefensa pareja”, dice Evans.

Un robot podría quizás ser programado para tener una voluntad propia y capacidad para rechazar a su pareja humana, “pero en ese caso será muy difícil encontrar quien compre este tipo de máquinas”.

Algunos advierten que estas máquinas podrían ser incontrolables.

“No hay que exagerar las posibilidades. En la actualidad, la inteligencia artificial que somos capaces de crear es equivalente a la de un niño de un año”, dice por su parte el investigador holandés Vincent Wiegel, de la Universidad Tecnológica de Delft.

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Fuente: http://www.taringa.net/posts/info/15486592/Sexo-con-robots-la-nueva-prostitucion.html

Un robot no se puede preguntar por el deseo del otro, no puede rechazar ni elegir, no cuestionará al otro, no le hará daño, sólo estará ahí como instrumento de goce, en una soledad que se conforma con algo que parece humano pero que no lo es, y que por tanto pareciera que le garantiza estar “a salvo”, en un refugio mecanizado que habría que decir, se encuentra más cercano a la muerte que a la vida…

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F. Iván Huerta Lozano

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