Marguerite Sechehaye: Diario de una esquizofrénica

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Marguerite Sechehaye (1887-1964) fue una psicoanálista y psicóloga suiza que ideó un método para tratar la esquizofrenia llamado Realización Simbólica.

En la Universidad de Ginebra fue alumna de Ferdinand de Saussure (1857-1913); A los 19 años se casó con Albert Sechehaye,(alumno de Saussure, mismo que junto a su compañero Charles Bally redactaron el famoso Curso de lingüística general) tiempo después  ingreso al Instituto Jean Jacques Rousseau, fundado por Édouard Claparéde donde estudio psicología.

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Durante un año estuvo bajo tratamiento psicoanalítico con  Raymond de Saussure (1884-1971), aún cuando en un inicio debido a sus creencias religiosas se negaba a realizarlo, ya que al igual que otras personas de aquella época pensaba que la teoría freudiana solamente se enfocaba en la sexualidad.

En el período de entreguerras participó en la expansión del movimiento psicoanalítico suizo, frecuentando a figuras tales como: Melanie Klein, Donald Winnicott, Anna Freud y René Spitz. Justo en esa época comenzó a concebir un método original de tratamiento de la esquizofrenia, basado en la “realización simbólica.”

En 1950 publicó una obra inaugural, La realización simbólica. Diario de una esquizofrénica, en el cual se presentaban los comentarios de la paciente “Renée” una adolescente con esquizofrenia y el testimonio clínico de Sechehaye.  


“Estas crisis, lejos de espaciarse, aumentaron. En una ocasión me encontraba en el Patronato y súbitamente vi que la sala se hacía inmensa y que la iluminaba una terrible luz eléctrica que no producía verdaderas sombras. Todo era claro, liso. artificial, tenso hasta el extremo; las sillas y las mesas me parecieron maquetas puestas aquí y allá, las alumnas y las maestras, marionetas que se movían sin razón, sin meta. No reconocí ya nada ni a nadie. Parecía que la realidad se había disuelto, evadido de todos esos objetos y aquellas personas. Me invadió una angustia espantosa; buscaba perdidamente un auxilio cualquiera.

Escuchaba las conversaciones, pero no comprendía el significado de las palabras. Las voces me parecían metálicas, sin timbre ni calor.

De tiempo en tiempo, una palabra se destacaba del conjunto. Se repetía en mi cerebro como cortada con cuchillo, absurda. Y cuando una de mis compañeras se me aproximaba, la veía crecer, crecer, igual que la piedra del molino. Me encaminé entonces hacia mi profesora y le dije: `¡Tengo miedo, porque todos tienen una pequeña cabeza de cuervo puesta sobre la cabeza!´ Ella me respondió amablemente y me respondió alguna cosa que ya no recuerdo. Pero su sonrisa, en lugar de tranquilizarme, aumentó mi angustia y desazón, pues advertí sus dientes blancos y regulares que, al brillo de la luz, llenaron todo mi campo de visión, como si la sala entera fuese sólo dientes bajo una luz implacable. Un miedo atroz me invadió. El movimiento me salvó aquel día. Era la hora de ir a la capilla para la bendición y, con los otros niños, tuve que incorporarme a la fila; moverme, cambiar de horizontes, hacer algo preciso y habitual, me ayudó mucho. Sin embargo, llevé mi estado de irrealidad a la capilla, aunque en grado menor. Aquel día quedé agotada.”

*Nota.-  fragmento tomado del libro M.-A. Sechehaye; La realización simbólica. Diario de una esquizofrénica; FCE, primera reimpresión 1973; pp. 130-131.

Estado de catatonia:

“De tanto sentirme criminal, ya no resistía más. Un pecado inaudito, infinito, me agobiaba como una hercúlea carga y desataba contra mí todas las fuerzas de la destrucción. No sabía dónde estaba ni tenía idea alguna de mí; sólo una cosa me interesaba: destruirme, asesinar a este vil ser al que odiaba a muerte.

Las voces se habían desencadenado de nuevo y una tempestad me sacudía. Se me transportó a una clínica psiquiátrica y poco después caí en un estado de estupor e indiferencia completos. Todo me parecía un sueño desolado, todo me daba lo mismo.

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Por eso no era posible ninguna reacción. Los médicos se imaginaban que no comprendía las órdenes y sus indicaciones, pero yo comprendía perfectamente todo lo que pasaba a mi alrededor: simplemente, algunas cosas me eran tan indiferentes, tan vacías de emotividad y de afectividad, que me parecía que no tenían ninguna relación conmigo, que no se dirigían a mí. No podía reaccionar porque se había detenido el motor vital. Notaba que las imágenes se alejaban o se acercaban a mi cama, pero yo estaba alejadas de ellas, yo misma no era ya sino una imagen sin vida”

op. cit. pp. 183-184

 

Curación de Renée, vuelta a la realidad:

“La realidad se convertía cada vez, podría decir, en algo más real, y yo me volvía más independiente y sociable. En la actualidad acepto toda la personalidad de la señora Sechehaye y la quiero por ella misma, le debo infinita gratitud por el tesoro que me otorgó al devolverme la realidad y el contacto con la vida.

Sólo quienes han perdido la realidad y vivido por años en el país inhumano y cruel de la Iluminación, pueden saborear el goce de vivir y medir el inestimable valor de ser parte de la humanidad.”

op. cit. p. 193


Renée cuyo nombre verdadero era Louisa Duess fue adoptada por Marguerite y termino por convertirse en una psicoanalista.

La publicación de este libro desencadeno una serie de interrogantes sobre el estatuto de la locura y la posibilidad de su cura y genero que el director Nelo Risi llevara a la pantalla esta peculiar cura psicoanalítica.

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Referencias

http://psicopsi.com/Biografia-Sechehaye-Marguerite-Nacida-Burdet-1887-1964.asp

http://psicoterapeutas.eu/margarita-sechehaye/

http://sanguisleonisviridis.blogspot.mx/2008/02/este-post-recoge-una-serie-de-textos.html

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Berenice Villa Figueroa