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Bebé reborn: Muñecos tan reales que impactan

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Raquel, de 38 años, es una de las decenas de mujeres en España que se dedican al arte del reborn (en castellano, renacer o renacido).

Se denomina así porque modifican o crean muñecos de vinilo hasta darles el aspecto de un bebé real. Tan real que en esta controvertida comunidad hablan de adoptar y no de comprar; de guardería y no de tienda online…

Tan real que un policía australiano reventó la puerta de un coche porque pensó que el reborn que había dentro, sentado en un cochecito homologado, con ropa como la de cualquier otro bebé, era de carne y hueso.

El resultado es impactante, cuando no inquietante. Es sólo un juego:muñecos hiperrealistas para adultos, aducen los reborners. Pero el hobby, al parecer, tiene doble filo.

«Yo recibo muchísimos encargos de madres que han perdido a sus bebés. Casi el 20% de los que hago, probablemente. El resto son principalmente coleccionistas», explica Lourdes E.G., una de las mejores artistas reborn españolas. «También hay gente que se abre contigo, mujeres que no puede tener hijos, con depresión o con síndrome del nido vacío. Otras los quieren para terapias de Alzheimer o autismo. Pero prefiero no personalizar, no explicar sus historias. Traicionaría su confianza», añade esta madrileña de 36 años, madre de un niño -biológico- de 12.

Aun así, menciona sucintamente, sin dar nombres, un caso concreto. «Una mexicana me escribió pidiéndome una réplica de su hijo de dos meses que había muerto hacía dos semanas en un incendio muy sonado que hubo en una guardería de México (Sonora, 2009). Yo le dije que se diera un tiempo, que lo pensara mejor y que acudiera a un médico…».

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Capa tras capa de pintura, las reborn artist dotan al vinilo de la tonalidad de la piel de un bebé. Injertan en el cráneo lana de mohair, material de tacto similar a sus finos cabellos, les colocan ojos de cristal y en ocasiones instalan mecanismos que simulan el latido del corazón, la suave respiración de un niño, o incluso los conductos de la orina. Graban voces, llantos, o la tos de un bebé que luego emite un sistema integrado en el muñeco cuando se mueve. El cuerpo es rellenado con microesferas de vidrio, con las que los muñecos adquieren el peso y la consistencia que tendría un niño de su edad, que especifican en cada caso. Y en ocasiones hasta los rocían con un spray cuyo aroma imita al de la piel de un bebé y que evita que la nariz desenmascare la perfecta ilusión creada para tacto y vista. «Yo comencé con esto en 2002», continúa Raquel. «Mi psicólogo me recomendó que me distrajera con algo, empecé a mirar temas de pintura y entonces vi un reborn por primera vez. No hubiera sabido decir si era un muñeco o un niño».

Irigoyen comenzó investigando en webs de EEUU, país pionero en esta subcultura con aficionadas de todas las edades.El fenómeno había nacido allí a finales de los años 80, pero tenía genes españoles: la porcelanista Joyce Moreno realizó el primer reborn modificando una muñeca Berjusa, marca de Onil (Alicante), en los 60. Aunque es difícil otorgar oficialidad a estos datos, Moreno pasa por ser quien desarrolló la técnica, y dio con los pigmentos y materiales adecuados. Otros sitúan el surgimiento en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, cuando, debido a la escasez de recursos, las madres comenzaron a modificar muñecas para sus hijas en los refugios antiaéreos.

«Hay madres que han perdido uno, dos, o tres niños. La cabeza no acepta la pérdida. Sí, tener un reborn en sus brazos les proporciona bienestar, alivio… Pero si no lo superan y lo sustituyen con un muñeco, puede generar un enganche peligroso. Siempre les digo que se lo planteen de otra manera, porque no les va a devolver a su hijo».

A.F. pasea, baña, y duerme a Simi diariamente. Lo viste con la ropita de Simeón, que nunca le quedará pequeña. Es un bebé eterno. Esta mujer de 30 años, que sólo desvela sus iniciales, protagonizaba las portadas de los medios suizos hace unas semanas por haber hecho exactamente lo que Raquel desaconseja. Había perdido a su hijo Simeon con sólo ocho meses de vida a causa de una enfermedad en noviembre de 2013. Todo ese tiempo permaneció día y noche a la vera de su cama, en un hospital de Basilea, donde reside.

Desde entonces el vacío dejado por su retoño fallecido se le hacía insoportable, sobre todo cuando su otra hija estaba en la guardería, y su marido en el trabajo. La joven entró en depresión. «Las sesiones con la psicóloga no funcionaban, volvía a casa peor, llorando», cuenta al diario 20min. Fue entonces cuando una enfermera le habló de los bebés reborn. Y cuando A.F. decidió resucitar al suyo en una versión de vinilo al que bautizaron Simi, que desde entonces -y son ya varios meses- convive con la familia. Ella cuenta cómo lo pasea «en silleta por la mañana junto al perro. Hablo con él cuando estoy haciendo las labores de casa, y cuando la niña vuelve de la guardería juega con él, le encanta. No puede dormir sin abrazarlo». Asegura que ya le han explicado a la pequeña que su hermano no es real, a lo que quizás no contribuya el hecho de que vaya vestido igual que un bebé, y se le cambie con la misma frecuencia. O que su madre lo trate como trataba a su hermano.

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Lourdes E.G. recuerda el caso de la madre de un niño autista que no podía costearse un reborn. «Buscaba algo que ayudara a mejorar a su hijo, que no interactuaba en absoluto. Yo se lo regalé. Después el médico me escribió para agradecérmelo. Obviamente no lo cura, pero decía que el niño cuando estaba con el muñeco tenía alegría, pues había encontrado algo a lo que aferrarse». Lola Verdugo, de Sevilla, otra de las pioneras, también recuerda el caso de un autista que se hacía pipí en la cama. «Su madre me encargó un muñeco, y me llamó llorando porque al dormir con el reborn, como no lo quería mojar, su hijo ya no mojaba la cama».

 

Autor: Eva Dallo

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Para la psicoanalista Françoise Dolto, el uso de muñecas (realizadas por los propios padres) jugaba un papel muy importante en su trabajo con niños, ya que consideraba que el pequeño proyectaba justo aquello que lo hacía sufrir o lo mantenía frenado en su desarrollo. Existe pues, una transferencia afectiva hacía la muñeca.

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Cuando Sigmund Freud habla de la transferencia afirma que:

No sólo las representaciones-expectativa concientes, sino también las rezagadas o inconcientes, han producido la transferencia…

Y si la necesidad de amor de alguien no está satisfecha de manera exhaustiva por la realidad, él se verá precisado a volcarse con unas representaciones-expectativa libidinosas hacia cada nueva persona que aparezca. En el caso de la pérdida de un hijo, podríamos decir que la transferencia afectiva se dirigió hacía el muñeco en cuestión.

 

 

 

 

 

Fuente:

http://www.elmundo.es/cronica/2014/05/11/536de1e6e2704e72568b456c.html

Dolto, F. En el juego del deseo.

Freud, S. Sobre la dinámica de la trasferencia.

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Berenice Villa Figueroa

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