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“A madre santa hijo perverso”

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La Virgen del Carmen es para ellos como la madre bondadosa que siempre protege y todo perdona. Yo creo que el mensaje del cristianismo no puede ser la tolerancia, sino la advertencia. No podemos alentar, sino frenar, esas ganas tan tremendas de matar al prójimo. Fomentamos una imagen femenina de Dios, un Dios que perdona demasiado (relato de un sacerdote en Los muchachos desechables de Laura Restrepo).

Sicarius es una palabra nacida en Roma antigua, donde designaba a jóvenes asesinos a sueldo que mataban a daga o cuchillo (sica). Es entonces una antigua profesión que no ha dependido de un tiempo o de un espacio. Es una figura también conocida con otros nombres; mercenario, por ejemplo. Por esto no designa un fenómeno exclusivamente colombiano o romano. Es una sombra que atraviesa la historia, encarnada en uno u otro instante, lo que no hace posible hacer una psicología del sicario y ni siquiera un perfil psicológico generalizable, pero sí reflexionar, en este instante tristemente privilegiado, sobre algunas de las características psicológicas, salidas de las investigaciones periodísticas que se han recopilado sobre los de aquí .

Un chiste callejero dice que Cristo era antioqueño, porque vivió hasta los treinta y tres años con la madre, murió convencido de que su madre era Virgen, y la madre convencida de que su hijo era Dios. Como todo chiste, es anónimo y puede chocar por su irrespeto con los valores en los que algunos creen, por blasfemo, pero a otros puede simplemente divertirlos. Para el psicoanálisis un chiste no es sin embargo algo banal, chocante o divertido; en su libro sobre El chiste y su relación con el inconsciente, Freud dilucidó sobre las verdades psicológicas que un chiste puede tener en cuanto satisface tendencias inconscientes, obscenas o agresivas. Aquí, la obscenidad se encuentra en el doble sentido que tiene la palabra virgen en la cultura hispana, así como en la ridiculización de la gran dependencia que tradicionalmente los hombres antioqueños han tenido respecto a la madre. Finalmente, por ser un chiste regional, expresa la estima (narcisismo) que la cultura antioqueña tiene de sí misma, en un chauvinismo, como todos, ridículo, que en este chiste pagano compara una relación divina con una relación llanamente humana, pero que acontece entre antioqueños .

Es una expresión de una búsqueda conmovedora de identidad, aferrándose a cualquier cosa que pueda reclamar como auténtica, singular, única, que le caracterice. Es una tentativa que ha ocupado a las masas populares, en un chiste o en otras insignias como un equipo de fútbol, o un capo de la droga. A pesar de ello, sí creemos poder caracterizar con este chiste algo de lo que culturalmente se ha cristalizado en las relaciones familiares de esta región del país, la dependencia a la madre por parte del hijo y la adoración al hijo por parte de la madre, colocada como centro del hogar.

Es una relación que ha sido pensada como normal, en tanto culturalmente es aceptada, compartida, cultivada; luego entonces, que el hijo se case y construya en el segundo piso de la casa de la madre, o viva cerca, o almuerce en la casa de esta, o la visite cada ocho días, es lo normal, pues continúa estando de algún modo bajo el amparo y el consejo de la madre; la nuera (nu-era, nunca era, ni será la ideal según las madres) dirá que sigue pegado de las faltas de la madre ; el hijo dirá que está cerca para poder proteger a la madre y velar por ella. Distintas son las relaciones en general entre madres e hijas. Este comportamiento es tan absolutamente normal e incluso folclórico que aparece como algo que a nadie se le ocurriría ni siquiera cuestionar; es un valor seguro.

Pero es singular que en los artículos de los periodistas que han compilado testimonios sobre los sicarios aparezca como una constante que ese Dios femenino tenga que ver con la ausencia del padre y la presencia abrumadora de la madre en la gran mayoría de los jóvenes que se dedican al negocio de la muerte, que son por lo general hijos sin padre, o que el padre no cumple un papel importante. La madre acapara el afecto del hijo y las relaciones con ella son intensas y difíciles. Esta observación sociológica nos habla de que el amor materno considerado hasta entonces normal, en estos casos ya es desmedido y complejo, con un agravante más: la figura paterna está borrada, lo que por fortuna no es el caso de la mayoría de los hogares antioqueños, pero que no deja de tener consecuencias que invitan a proponer una reflexión desde el psicoanálisis.

Padre simbólico Una de las nociones más popularizadas del psicoanálisis es el complejo de Edipo; con ella se designa la inclinación amorosa del hijo varón hacia la madre y la rivalidad hacia el padre. En realidad es algo más complicado, pues si bien esta situación da cuenta del Edipo llamado positivo, coexiste con el Edipo negativo, donde se verifica la inclinación amorosa hacia el padre y la hostilidad hacia la madre, estando presente en todo sujeto la combinación de estas tendencias. Lo que hace que tanto en relación con la madre como con el padre, el sujeto sea ambivalente, es decir que siente simultáneamente el amor y el odio hacia ambos; pero mientras uno de estos sentimientos es consciente, el otro está relegado a lo inconsciente. De otro lado hay que decir que el padre del que aquí se trata no es el padre real que puede incluso estar ausente. Se trata de un padre más simbólico, la ley, la autoridad, los valores o su transgresión, transmitida al hijo a través de la palabra de la madre.

Es preciso considerar además qué otros complejos inconscientes están en juego en la relación del sujeto con su familia. En particular, el complejo de intrusión, que explica la rivalidad entre hermanos, y el complejo de destete, que ilustra la relación del hijo hacia la madre (ver: Los complejos familiares en la formación del individuo de Jacques Lacan). Es en la manera de sortear estos complejos inconscientes donde se instaura en el sujeto la dimensión ética.

Para Hegel, la ética no es un ideal moral, es una forma de vida, una manera de ser, un principio que se ha transformado en una conducta efectiva, que incide sobre el modo como un sujeto se relaciona con la vida, la muerte, la sexualidad, con los otros, pero no en nombre de un ideal utópico como es la moral. Sino que es la efectividad de ese principio vuelto conducta en el sujeto.

Dicen los estudios del sicariato que estos muchachos están literalmente atrapados por el amor de la madre… Mantienen económicamente a la madre y los hermanos, los defienden en su integridad física… No pueden dejar su casa para formar otro hogar, con su propia mujer y sus hijos… Reemplazan al padre ausente en todo, menos en la cama de la madre, lo que les crea una confusión dolorosa de papeles, con desgarramientos psicológicos y ataques patológicos de celos. La vida les exige que no pueden ser esposos de sus madres y padres de sus hermanos. La contradicción es insoluble y, como tantas otras en su vida reemplazar a la ley solo se arregla con la muerte.

Un adagio psicoanalítico dice A madre santa hijo perverso; esto se explica en la medida en que la experiencia analítica revela que mientras más ideal es una madre, en esa misma proporción más aparta a su hijo de remitirse al goce de otra mujer. Si la madre se sitúa ella misma por fuera del deseo, a causa de la idealización del hijo, confirmada en que ningún hombre goza de ella, pues el padre está ausente, o ha abdicado de su función de esposo, o se trata de un madre-solterismo, o ha muerto, el hijo no tiene otro camino para su deseo que la clandestinidad.

En relación con este aspecto, un investigador social dice: Hay en esta subcultura un reforzamiento de la Virgen como centro del núcleo religioso; la imagen de Dios asociada a lo masculino permanece en un segundo plano… La Virgen se ganaba las oraciones porque era la madre de Dios, y la madre es la madre aquí y en cualquier parte. Esa reunión simbólica de la Virgen y la madre está asociada a la permisibilidad, la tolerancia y el compromiso filial hasta el final (Alfonso Salazar, Las bandas juveniles en el Valle de Aburrá); esto señala el lugar ideal de la madre encumbrada a la categoría de Virgen.

En otros textos, cita testimonios de contraste que señalan la clandestinidad: le hacían un revolión a una mujer, una vaca-muerta, las cogen en un lote o en una terraza y hacen fila para violarlas (Salazar, Mujeres de fuego) o dicen de ellas que peladas para engordar pupila (verlas) hay muchas, pero son programeras, flor de una noche .

Solución suicida Pero esa relación de la mujer prohibida de modo contundente, la madre-Virgen-ideal, no se queda allí, negándoles el acceso a otra mujer en términos de amor. Es además una relación donde la servidumbre frente a su amor materno es absoluta. En una remembranza del amor cortés de los caballeros de las leyendas; en nombre de ese amor, son empujados a la muerte; en nombre del bienestar material de esa madre, justifican sus actos de barbarie: Lo hago por la cucha. Por la vieja roban, matan, se hacen matar: Yo me voy a morir pronto, pero a mí que me recuerden por haberle dado una buena nevera a mi mamá. Eso aprendí de mi familia testimonia un sicario, de mi cucha que es una tesa. Ella conmigo va en las buenas y en las malas. Allí donde usted la ve menudita, responde donde sea por mí. A la larga, lo único que me duele para despegar el vuelo de esta tierra es dejarla sola. Saber que puede estar abandonada en su vejez. Ella ha sido muy guerrera y no se merece eso . (Salazar, No nacimos pa semillas). El vigor del amor por la madre comenta un abogado puede llevar al sicario a efectuar actos heroicos . El bienestar de ella aparece como una de las motivaciones para asumir situaciones extremadamente difíciles: El sicario es capaz de dar la vida por su madre (Guido Parra, Prospectos socio-jurídicos para el Medellín del futuro).

La construcción de una ética frecuentemente la confundimos con la moral; entonces decimos que el sicario es un ser sin ética. Sin embargo, no solamente existe la ética kantiana, en la que pueden reconocerse las bases de la ética cristiana; existe también la ética sadiana, una ética perversa. Tanto una ética como la otra son transmitidas al niño no directamente por la imposición de un padre, sino esencialmente por la palabra de la madre que autorice o desautorice esa ley que regula en la persona su relación con la vida, la muerte, la mujer, la sexualidad y con los otros.

Pero más que una labor educativa, de lo que se trata es de un mecanismo psicológico de transmisión donde complejas condiciones particulares están en juego; así, una madre testimonia lo siguiente: Es por complicidad de la madre como los muchachos se tuercen. Empieza por hacerse la tonta cuando el niño trae de la escuela cosas robadas a sus compañeros; más adelante, recibe dinero sin preguntarle cómo lo consiguió y termina lavándole la ropa manchada de sangre ajena, sin decir palabra. La verdad es que yo para algunas cosas, tengo mucha maldad dice la madre de un sicario; no le hago mal a nadie, pero el que se mete conmigo la lleva perdida. Eso se lo he enseñado a mis hijos, que se tienen que hacer respetar. Y ellos llevan eso en la sangre.

La ley simbólica, llamada en psicoanálisis El nombre del padre , es transmitida por la madre, como una versión perversa del padre o como aquello que puede anudar, conciliar, dialectizar las pasiones humanas, sus deseos con la ley que prohíbe el parricidio y el incesto. Es lo que en el fondo está en juego en el nacimiento de una ética en el seno de la familia. El interés de la posición paterna en psicoanálisis está en que el padre tiene una función esencial: la de reconciliar y hacerse responsable de la prohibición fundamental de gozar de la madre, con el hecho de que es sólo él el que goza de ella. Cuando el joven sicario busca sustituir la imagen paterna, en su socialización en las bandas, se encuentra con que esa transgresión fundamental es imposible; la madre-Virgen le es prohibida como mujer, sin remedio, y tiende a resolver ese imposible de modo suicida: matando al padre representado en todo semejante, en nombre de una devoción materna, pero muriendo en ese intento de repetir el destino de Edipo Rey.

Publicación: eltiempo.com
Sección: Otros
Fecha de publicación: 12 de marzo de 1995
Autor: MARIO ELKIN RAMIREZ
Enlace: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-272936

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Karen Alejandra Morales Sánchez

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