¿Pueden los egos ejercer el análisis?

¿Pueden los egos ejercer el análisis?

Conferencia dictada en el 6º foro de psicoanálisis: creación, dispositivo, reinvención e investigación.

Por: Fernando Michel Montealegre Pabello

En una ocasión, una maestra de cierta universidad me preguntó si yo era psicólogo y yo le contesté que no, que soy psicoanalista y ella inmediatamente dio un paso hacia atrás, puso cara de espanto y contestó: “ah muy bien, yo soy sistémica y somos muy diferentes”. Desde esa vez no he cruzado palabra con ella y evidentemente me evade.

De este encuentro fortuito surgió una pregunta: ¿Qué piensan los psicólogos de los psicoanalistas? Así que entre clases le pregunté a mis alumnos que respondieran con toda sinceridad qué pensaban de los psicoanalistas, y lo que me contestaron me dejó sin duda alguna pensando ya que fueron muchas las coincidencias.

Lo que dijeron fue lo siguiente:

“Se creen que lo saben todo y hacen menos a los demás”

“Son muy egocéntricos, hasta en su forma de caminar”

“Son muy cuadrados”

“Siempre buscan tener la razón” 

“Repiten discursos”

Si bien, mi intención no es caer en la estadística ni hacer un muestreo poblacional porque se me puede tildar de hereje y ser excomulgado por el conclave de psicoanalistas, lo que intento cuestionar es qué tanta razón tienen estas frases, que repito, son de alumnos que han tenido como maestros a varios psicoanalistas.

Regresando al título de esta conferencia ¿pueden los egos ejercer el análisis?, es evidente que es una modificación del texto freudiano: ¿pueden los legos ejercer el análisis?, escrito donde Freud se interroga si es posible que alguien que no sea médico pueda ser psicoanalista; la respuesta es que sí porque lo que hace a uno analista es el propio análisis, o parafraseando a Freud “analista es el que analiza sus sueños”.

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Lacan tiempo después inventa el dispositivo del pase el cual fue descartado por el mismo Lacan al momento de disolver su escuela y planteó que el analista es quien se autoriza como tal.

Obviamente esta frase tiene una complicación, porque podría pensarse que cualquiera puede ser analista y nombrarse como tal, pero ¿quién dice quién es analista y quién no?

En la medicina el título y la cédula dicen quién es médico y quién no, en realidad es muy sencillo: quien estudió medicina es médico; no así en el psicoanálisis, no quien lo estudie teniendo doctorados o que haya leído todos los libros de Freud y Lacan lo hacen analista. No hay un título ni una cédula que nos autoricen a ser analistas. 

Entonces ¿quién es analista?, parece que ante la propuesta de Lacan de autorizarse como analista surgen conclaves que en lugar de elegir al nuevo papa, eligen a los nuevos analistas.Y que son los mismos analistas los que dicen quién es analista y quién no. ¿Y no es esto el discurso del amo que tanto se critica en psicoanálisis?

Asociaciones psicoanalíticas que determinan quién lo es o analistas que dan su aprobación con la espada al hombro como la orden del Imperio británico y la entrada al grupo selecto de los elegidos, una especie de Avengers del psicoanálisis.

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El mismo Foucault critica al psicoanálisis por considerarlo una especie de confesión donde se tiene que decir todo para alcanzar la cura. Compara esta postura con una relación de poder donde hay un amo y un esclavo si se le quiere pensar desde Hegel, un amo al que se le debe confesar lo inconfesable y lo más obscuro de nuestro ser.

Para Lacan, Foucault estaría equivocado porque el discurso del analista es el anverso del discurso del amo, precisamente porque el discurso predominante no es el del analista sino el del analizante que comienza en el semblante vacío del analista mismo. Un semblante que permite la cadena significante.

¿Pero qué pasa entre analistas? 

Aquí quizás Foucault tenga razón, porque para entrar a ese grupo selecto hay que someterse al discurso del amo o mejor dicho al discurso del ego, (tal como lo perciben los alumnos a los que le pregunté); para Chemama en su famoso diccionario de psicoanálisis explica que el ego es la traducción usual en inglés del término freudiano Ich (yo) que Lacan dialectizará en “moi” y “je” aludiendo a la primera como el efecto de la identificación especular y la segunda como shifter en la función enunciativa.

En el estadio del espejo se habla de la constitución del yo a partir de una identificación, en la que el sujeto asume una imagen , es decir que el niño se anticipa en el otro a su propio desarrollo por la captación de esa imagen de dominio que tiene del otro, así logra una totalidad unificada que resuelve su fragmentación. El ser humano solo ve su forma realizada total, el espejismo de sí mismo.

Supongamos que el analista es el niño que se ve frente al espejo, que no se ve como analista pero que hay alguien que le dice que es analista, para poder enunciar: “ese que está ahí soy yo” y quedar atrapado a la imagen, pero la pregunta es ¿la imagen de quién? Al espejismo de sí mismo como analista.

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Esta pregunta podría parecer absurda pero si se le compara con el niño, el estadio del espejo se pensaría en dos momentos, uno donde se queda atrapado a la imagen en tanto yo ideal, es decir yo soy mi objeto y el segundo momento donde entra la mirada de Otro que me dice que ese del espejo soy yo y me dice cómo soy. 

El analista en formación comienza cuestionándose precisamente si podría ser analista o no, que se percibe en un espejo pero no se reconoce como analista sino a partir del discurso del Otro que le hace ver que él puede ser como él o como ella;

“quiero ser como mi papá cuando sea grande, quiero ser futbolista como Messi, quiero ser como Spiderman, quiero ser analista como “equis”.

y ahí es donde comienza la formación a veces a las “carreras”, en la imagen de mi como analista en relación a otro analista, de quien tomo la forma de hablar, de vestir, de intervenir en las sesiones e incluso de enunciar alguna postura teórica. Si no vean a todos los que repiten sin entender palabra alguna los enunciados llevados al grado de máximas lacanianas.

El analista en formación pasa por un momento de alienación a la imagen del analista así como el niño se aliena a la imagen de los padres y quiere ser como ellos. Pero ¿qué pasa cuando el niño crece?, el niño realmente ya no quiere ser como sus papás, más bien quiere ser alguien diferente, se rebela y se revela, busca su enunciación mediante su discurso, pero ¿qué pasa si los padres no permiten que el niño sea alguien diferente?, pues este se volvería el falo imaginario de los padres si es que ellos piensan que están completos y plenos gracias al niño o bien podría ser un falo simbólico en tanto el niño viene a ocupar un lugar de herencia  de los padres, tradúzcase como: “yo quiero que mi hijo sea como yo y siga mi legado”. 

Como diría pearl jam en su canción do the evolution: “Admire me, admire my home, admire my son, he’s my clone”. que el niño haga lo mismo que yo hago, que mi hijo sea yo. ¿no es acaso esto el ego del que habla Chemama en tanto identificación especular como una directriz para indicarle al niño cómo debe de ser, pensar y hacer?

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Sigamos con la comparación del niño y el analista. Y si en lugar de decir ¿qué pasaría si los padres no permiten que el niño sea alguien diferente? la respuesta sería la misma si la replanteamos a ¿qué pasaría si los analistas no permiten que el analista en formación sea diferente a ellos? Ese aprendiz de analista, que encuentra en un primer momento su identificación especular en la imagen del analista a quien admira, quiere encontrar su camino y ser analista pero puede verse impedido si se le toma como los padres al niño como falo simbólico y se espera que ese analista siga el mismo camino del analista con quien se identifica, que herede todo, y que como dicen los alumnos comience a repetir discursos sin incluso entenderlos. Que el analista se convierta en el falo simbólico de analistas que aprueban o no su proceder como padres que aceptan o no cierta conducta del niño y que también se puede traducir a: “yo quiero que mi supervisado/analizante sea como yo y siga mi legado”

“Admire me, admire home, admire my son, he`s my clone”, admirame a mí, admira mi casa, admira a mi analizante/supervisado, es mi clon. 

Y este es el punto nodal de la conferencia titulada ¿pueden los egos ejercer el análisis?, el planteamiento sería que si aparece el ego de los analistas que dicen quién es digno de la insignia de la orden del imperio de los psicoanalistas y quién no, prácticamente aceptan a alguien como analista si se parece a ellos, si hablan como ellos, si piensan como ellos, y a todo aquél que piense diferente se le excluiría, excomulgaría o desterraría como hijo pródigo hasta que se arrepienta y pida volver a la orden.

Regresando a la pregunta ¿quién es analista?, parece que todo recae en cierto sector que determina quién lo es y quién no, todo basado en el prototipo de analista: haz lo mismo que yo, piensa como yo, interven como yo, dí lo que yo, psicoanalistas a granel que piensan y dicen lo mismo, psicoanalistas como “another brick in the wall” donde Pink Floyd critica al sistema educativo que en lugar de crear individualidades en el pensamiento, masifican personas, pensamientos y discursos, we don`t need no education, we don`t need no tought control. Analistas en masa que dicen lo mismo y defienden lo mismo.

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En el discurso analítico se habla de la falta pero precisamente a muchos analistas eso les falta, es decir, les falta la falta, o mejor dicho: les falta aceptar su falta y ¿no es eso el ego?, no aceptan que algo les falta y aparte se excluyen del grupo de analistas, es como decir: “todos los mexicanos son corruptos, yo soy mexicano pero yo no soy así” Es una falacia que se podría traducir a: “los analistas no deben ser así pero yo soy como aquellos que critico; me es permitido porque soy yo y me autorizo a ser analista”.

“No te involucres con tus pacientes pero yo sí me involucro sentimentalmente e incluso sexualmente porque a mí me está permitido” Es como el policía que es representante de la ley pero que se puede pasar un alto porque se cree la ley y por lo tanto queda excluido de la misma.

No, los egos no pueden ejercer el análisis porque el ego es un discurso del amo, y el discurso del analista al ser su anverso se vuelve imposible, el analista en formación tendría que pasar del moi al je, es decir de su identificación especular a su función enunciativa, para él comenzar a enunciarse como analista desde su particularidad del uno de la diferencia y no atrapado en el moi del uno unificante porque justamente ahí no se sabe quien habla, ¿quién el sujeto de la enunciación si solo se repiten conceptos y frases?, o como diría Lacan “síganme pero no me imiten”

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