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¿Perverso o pervertido? ¿Cuál es la diferencia?

 Sade y Freud opinan

 

Toda persona tiene cierto grado de fetichismo en torno a las llamadas pulsiones parciales que son abordadas por Freud generando excitación y siendo una pieza fundamental para poder alcanzar la meta sexual; ¿qué quiere decir?

A unos les gusta mirar, a otros oler, tocar, escuchar, etc. Esas son las pulsiones parciales que generan excitación para llegar al acto sexual, lo patológico según Freud es detenerse por más tiempo en el mirar e incluso desplazar el acto sexual por el solo observar. Cuando surge ese desplazamiento se habla entonces de fetiche.

Freud menciona lo siguiente:

“La diferencia más honda entre la vida sexual de los antiguos y la nuestra reside, acaso, en el hecho de que ellos ponían el acento en la pulsión misma, mientras que nosotros lo hacemos sobre su objeto.” [1] 

¿Qué es un fetiche? Cuando el objeto sexual es sustituido por otro que guarda cierta relación con el objeto mismo; el sustituto es en general una parte del cuerpo que no es apropiada para un fin sexual, tal como un pie o un objeto inanimado como un zapato, calcetín, prenda de vestir o un olor, una mirada.

Para representar en la obra literaria el fetichismo, nos remitiremos al libro Justina del Marqués de Sade en el que se irá esbozando lo que significa perversión y darle  así un sentido psicoanalítico más allá del que se le da coloquialmente confundiéndose con perversidad ya que perverso no es lo mismo que pervertido.

Antes de dar paso al análisis de la perversión en la obra sadiana, preguntémonos qué es eso que llamamos perverso. Coloquialmente la acepción que se la da a la palabra es la de un degenerado y depravado sexual, alguien que no tiene ninguna clase de pudor ni vergüenza, sin embargo parece haber una clara confusión entre pervertido y perverso, siendo el primero aquel cuyas inclinaciones o preferencias sexuales son socialmente negativas o inmorales.

En situaciones coloquiales, el pervertido sería aquél que mira el escote de una mujer sin ningún disimulo, aquel que se sube al metro o al camión y reparte “camaronazos”[2]  a diestra y siniestra o incluso el hombre que aprovecha cualquier oportunidad para tocar o pellizcar las nalgas de una mujer en la vía pública.

Existe mucha confusión entre un pervertido y un perverso como se puede observar y el principal pervertido siempre es el hombre, la mujer queda salvada de esta coloquial definición, sin embargo ambos términos son diferentes y el perverso va más allá de las prácticas sexuales como iremos desarrollando a lo largo de este texto.

Retomando el libro de Sade, al principio de la obra, Justina en su peregrinaje por encontrar un hogar donde poder trabajar como sirvienta y así no pasar hambre por la muerte de sus padres, llega al hogar del señor Harpin quien tenía fama de cobrar con intereses el dinero prestado a los pobres y de robar a los ricos; sin embargo, Justina no tenía otra opción debido a la pobreza y el hambre en la que se encontraba.

En el primer diálogo que mantienen Harpin y Justina, el tono de la conversación dio un giro inesperado, al grado en el que el ruin señor de la casa le pide a Justina que le enseñe el pie:

-¡Ahhhhhh!- suspiró Harpin, quitándole el zapato bruscamente-. ¡Qué lindo pie! ¡Qué bonito, bonito pie! -Y al decirlo apretaba el pequeño pie, que acercó a su mejilla y frotó con su cara, oliendo entre los dedos y lamiendo el arco plantar con la lengua… -¡Saludable!- jadeó el excitado Harpin-. ¡Pie sano! ¡Pie lindo! ¡Pie para joder-joder-joder-joder! – Y al decirlo bajó la mano hacia su vientre y comenzó a jalar con furia los botones que cerraban sus calzones. [3]

El texto continúa narrando el fetiche del sr. Harpin y se hace explícito el placer que le ocasiona el olor y el sabor de los pies de Justina, además se hace evidente la desviación de la meta sexual en el objeto mismo ya que en ningún momento Harpin es capaz de obtener mayor placer en el coito  que el que le generan los pies de su sirvienta.

Al respecto Freud menciona lo siguiente:

El pie sustituye al pene de la mujer, cuya falta se echa fuertemente de menos… En muchos casos de fetichismo de pie puede demostrarse que la pulsión de ver, originariamente dirigida a los genitales y que quería alcanzar su objeto desde abajo, quedó detenida en su camino por prohibición o represión y por eso retuvo como fetiches al pie o al zapato. Y en ese proceso los genitales femeninos se imaginaron, de acuerdo con la expectativa infantil, como masculinos. [4]

El niño al ver a la niña se da cuenta de que ésta no tiene pene y por eso en él surge la angustia de que se lo corten y quede como el de la niña, entonces detiene la mirada en otro lugar para evitar ver lo angustiante de la castración, el calzón, un zapato, una prenda, etc; en ella es distinto ya que al observar al niño se cerciora de que fue castrada y que el pene le fue quitado. Ese pene que le hace falta a la mujer del que habla Freud es sustituido por el pie como falo, es decir, que el pie es aquello que cubre lo que hace falta.

En cuanto al falo, la mujer buscará que su padre le dé un hijo pero esto al no poderse llevar a cabo por la censura de la ley, se reprime y entonces se traslada nuevamente a tener un hijo pero de alguien diferente; el niño por lo tanto está en relación con el falo, porque ocupa el lugar de la falta de la madre (el niño completa a la madre) y es ahí donde entra el nombre del padre con su prohibición para separar a los dos (madre-hijo), es como si les dijera:

“mujer, ese es tu hijo no puedes reintegrarlo a ti, yo soy tu esposo; niño, esa que ves ahí es tu madre no tu esposa, ella es mi mujer por lo que tú debes renunciar a ella y buscarte una en otro lado.”

El niño se encuentra sometido en un primer momento a otro sin ley u omnipotente, y luego él mismo es sometido a la ley, por lo que está en relación a otro con ley.

¿Pero qué es un perverso trazado en la obra de Sade?

El perverso no solamente es aquel que se muestra en la obra como aquél que inflige un dolor extremo en Justina y que goza de un placer sexual por la sangre y la queja de la protagonista; es también aquél que se posiciona en el lugar del saber sobre el goce y niega que el otro esté castrado o dicho en términos psicoanalíticos reniega[5] la falta.

Justina representa la inocencia que despierta gran interés en los perversos de Sade, pero más que la misma virginidad o virtud como es mencionada en el texto, Justina parece estarse preguntando todo el tiempo sobre cómo gozar e incluso en cierto pasaje ella disfruta y siente por primera vez cómo el deseo sexual le recorre el cuerpo.

Corazón de hierro fue el bandido de la pandilla de Dubois que intentó cortejarla con las palabras más hermosas que ella jamás haya escuchado después de golpearla al borde de la muerte y de generarle un dolor increíble con las prácticas sádicas de sus amigos bandidos.

-Pero… -repitió. Pero en ese momento su deseo de ser invadida se había sobrepuesto a su decisión de resistir. Al sentir el extremo romo y redondeado de su sexualidad palpitante tocar suavemente a las puertas del clímax, ella sólo pensó en rendirse completamente… Esforzándose hasta donde le permitía su cuerpo, le ofreció todo su ser, y luchó desesperadamente para rodearlo completamente. [6]

Che voui? ¿Qué me quiere? La pregunta que hace referencia a la posición de Justina con respecto al Otro; ese gran Otro que otorga lugares y autoriza al sujeto a ocupar cierta posición subjetiva.

El Otro en este caso Corazón de hierro es el que le da un lugar al sentirse mujer a través del placer que le genera, en distintos casos el Otro es el que autoriza al sujeto a ocupar cierto lugar, los padres pueden fungir como tal al ponerle un nombre al hijo y dándole un lugar dentro de linaje familiar.

Justina parece tener esta pregunta a lo largo del libro y constantemente se cuestiona el porqué de su sufrimiento y su “mala suerte” si ella está en el camino del bien, de la virtud y de Dios. No sabe qué lugar se le está otorgando.

La queja y la pregunta no van dirigidas a corazón de hierro ni a todos los malhechores ni patrones que abusan de la peor forma de ella, sino va dirigida al gran Otro llamado: Dios.

El gran Otro sin falta, omnipotente, que se encuentra antes de la llegada del sujeto, que designa un lugar y que autoriza al sujeto mediante sus representantes en la tierra mediante el bautizo que designa un nombre, un registro simbólico.

Justina se identifica mediante la misericordia y el destino de los que ponen la otra mejilla cuando les golpean; es decir, el reino de los cielos, por lo que su pregunta es: ¿Qué lugar ocupo en el mundo? Cuestionándose también sobre el más allá después de la muerte, en ese aparente reencuentro con el Otro omnipotente.

La joven Justina podría ser pensada en el sentido de la pregunta misma como una histérica que se pregunta no solo de su posición en el mundo sino de cómo gozar a lo que muchos personajes le hacen ver su saber al respecto.

El perverso a su vez, toma una actitud contraria, él vive para el goce de lo que textualmente Braunstein menciona:

…sabiendo cuanto es dable saber sobre el goce propio y ajeno, predicando su evangelio, afirmando sus derechos sobre el cuerpo, ostentando su dominio. Lo que en uno es falta y deber en el otro es haber y saber. Y, siendo así ¿por qué habría el perverso de instaurar a otro en el lugar del sujeto supuesto saber? [7]

Goce curiosamente no es gozar, pero, ¿qué es el goce en la obra freudiana?

El goce no es placer sino que se encuentra más allá del principio de placer, entre la delgada línea que divide el sufrimiento del placer, es un placer excesivo, uno casi mortífero.

El goce, para resumir es lo desmesurado, aquello que pretende no reconocer las limitaciones que por estructura sostiene al sujeto como deseante o insatisfecho (es por eso que desea). La concepción del goce es el supuesto que este existe como ilimitado o decir que hay alguien entre nosotros al que se le supone alcanzarlo plenamente sin limitaciones, el Otro, en el caso de Justina aquellos perversos que se le cruzan en el camino y Dios.

En palabras del Marqués de Sade, sobre el goce menciona: “no sólo hemos hecho algo que nadie se atrevería a hacer acostumbrado de tal forma a ello que ya no podemos existir sin esa cosa: éste es un primer goce. La acción cometida engendra otra… pongamos un poco de orden en nuestros placeres, sólo se goza de ellos planeándolos.” [8]

El perverso sadiano representado en los sacerdotes del monasterio en apariencia abandonado, le hacen ver a Justina que ese Dios, ese Otro del que ella habla, no existe y que nunca responde y como la condición de la perversión es la renegación de la castración, el Otro pierde su calidad de omnipotente, pero es aquí donde entra en una paradoja ya que por un lado no reconoce al Otro como omnipotente pero tampoco lo puede dividir y darse cuenta que en Él, también falta porque esto lo remitiría a su propia falta.

Si Dios no es omnipotente, entonces está castrado, si él está castrado, entonces yo también y eso angustia al perverso por lo que busca una forma de desmentir eso.

La respuesta a la paradoja del perverso en tanto su falta y el deseo volcado en un goce ya que no puede ignorar que el Otro está castrado él se hace el instrumento de goce del Otro; es decir, el perverso se coloca como si fuera ese Otro y como si tuviera la necesidad de asegurar su no castración, él se coloca en el lugar de la omnipotencia y el saber, vive para el goce:

El perverso que se toma y que pretende ser visto como un sujeto absoluto que porta y aporta el goce, un ser sin tachadura, es llevado por la lógica misma de la estructura y de su deseo de convertirse él en un objeto, en un instrumento, en un complemento que está al servicio del Otro. Él es un fetiche que venera, él es el látigo con que flagela a su víctima. [9]

Por lo tanto en la obra sadiana el perverso es el objeto con el que golpea a Justina, es el látigo, él es un fetiche en sí mismo porque reniega su falta y la de Dios, flagela a su víctima con su conocimiento sobre el goce, mostrándole a ella su ignorancia en aquello que desea; al pretender ser omnipotente, un ser completo y que no le falta nada vive en un goce constante transgrediendo todo límite posible siendo él la ley misma y no reconociendo límites.

Es como el policía que manejando una patrulla se pasa un alto, transgrediendo la ley que él representa debido a que él se cree la ley y por lo tanto al serlo puede corromperla. Si no se puede pasar el alto sería como los demás, alguien en falta, castrado, y para no serlo se asume como omnipotente y así niega su castración, entonces, la posibilidad de pasar por alto el alto, es viable.

Pero queda una interrogante abierta: ¿Justina es una histérica qué se presenta como víctima frente a los perversos que la hacen sufrir? O ¿ella también es algo perversa poniéndose en una posición en la que puede transgredir incluso su propio cuerpo por medio de los demás? Lo que definitivamente sabemos es que no es una pervertida.

 

 

Referencias 

[1] Sigmund Freud, Tres ensayos de teoría sexual, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1978, p. 136.

[2] En México se le conoce como camarón al pene, por lo que arrimar el camarón o arrimar camaronazos significa restregar el pene en otra persona en un autobús, vagón del metro o alguna aglomeración.

[3] Marqués de Sade, Justina, Grupo editorial Tomo, México, 2002, p. 34.

[4] Sigmund Freud, Tres ensayos de teoría sexual, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1978, p. 141.

[5]Renegar: negar con instancia algo.

[6] Marqués de Sade, Justina, Grupo editorial Tomo, México, 2002, p. 59.

[7] Néstor Braunstein, El goce un concepto lacaniano, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 2006, p. 245.

[8] Marqués de Sade, Juliette 1, Axial editores, México, 2006, p. 23.

[9] Néstor Braunstein, El goce un concepto lacaniano, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 2006, p. 256

 

Bibliografía

  • BRAUNSTEIN, N. (2006). El goce un concepto lacaniano. Editorial siglo XXI editores. Buenos Aires.
  • FREUD, S. (1901-1905). Tres ensayos de teoría sexual. Amorrortu editores. Buenos Aires, 2008.
  • MARQUÉS DE SADE. (2002). Justina o los infortunios de la virtud. Grupo editorial Tomo. México.
  • MARQUÉS DE SADE. (2006). Juliette 1. Axial. México.

 

 

 

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Fernando Michel Montealegre Pabello

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