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¿La felicidad es una ilusión?

REVISTA ARTÍCULO-IVAN

El ser humano siempre está buscando la felicidad o algo que nos han hecho creer que es, pero, ¿de verdad queremos ser felices? ¿Cómo podemos lograrlo? La mayor parte del tiempo nos encontramos sumergidos en un estado de infelicidad, ¡vaya! No sólo somos desdichados por lo que somos, también por lo que queremos y nos imponen a querer ser. Nuestra propia constitución como sujeto deseante nos coloca en aprietos, empezando por que todos deseamos y en cuanto a eso hay una infinidad de demandas, mismas que terminan convirtiéndose en imposibilidades.

Nos esforzamos en tener aquello que “deseamos” pero una vez que se cree poseer lo que tanto se anheló ¡oh sorpresa! Ya no queremos eso. Vivimos eternamente en el ¡Sí! Pero ¡No!

Freud nos deja en claro que parte de ese sufrimiento nos lo proporcionará nuestro propio cuerpo,  en cuanto que es inevitable perecer, por lo tanto dedicaremos gran parte de nuestra vida a intentar mantenerlo en “bienestar”, derrocharemos dinero y haremos infinidad de estupideces con tal de conservarnos y claro con tal de no sufrir, ¡como si eso fuese posible! Actuamos como lo hacía la cultura egipcia con sus difuntos, sólo que nosotros en sentido totalmente contrario, ellos en su afán por conservar el cuerpo después de la muerte y nosotros por conservarlo en vida, tratando de ser inmortales ante una inminente mortalidad.¿Y quién es el que se ha encargado de darle el más grande valor a la belleza?  Sin rodeo alguno enunciaríamos que la cultura,  nosotros que aun cuando carecemos de una descripción que dé cuenta de eso que denominamos “belleza”, podemos apreciarla y darle una connotación, así pues ésta pequeña palabra nos marcará de por vida,  tal como ocurriese con Dorian Gray, el cual quedaría atrapado en su fascinante belleza, por la cual a cambio daría su alma.

Pero…Entonces ¿quién nos otorga la felicidad? No es acaso el Otro, aquel que al momento de nacer nos constituye con base a su deseo, y del cual quedaremos alienados. Siendo así ¿nuestra felicidad será cumplir el deseo del Otro?

Sino lográramos salir de esa alienación ni siquiera viviríamos nuestra propia fantasía, tal como Macbeth o como Dorian Gray, el primero por quedar atrapado antes las palabras pronunciadas por las brujas o como él lo diría por el imperfecto oráculo, palabras que al afirmarle que él sería Rey lo llevarían a su fatal desenlace, y por otro lado el joven Dorian Gray, el cual tras escuchar las palabras pronunciadas por Lord Henry quedaría completamente influenciado y terminaría por llevar a escena cada una de las demandas de su tan estimado amigo.

Cuestionémonos un poco, ¿qué implica llegar a ser feliz? Implica en primer instancia una renuncia pulsional, ya que a partir del momento en que nos encontramos en una sociedad, estamos obligados a cumplir ciertas leyes, siendo así desde un inicio ya existe una restricción hacía nuestro deseo y todo aquello que supongamos como un estado de felicidad o satisfacción será meramente subjetivo ya que estará moldeado por el exterior y por nuestro superyó (las voces de padres, educadores, opinión pública internalizada, o como Freud trataría de explicarlo: esas voces que escuchamos día a día  que pareciese que nos observan, que se enteran de todo y se encargan de criticarnos). De verdad pareciese que al hombre le encanta sembrar en el otro el sentimiento de culpa, o ¿acaso no hace eso la religión? Ya desde el momento de nacer somos pecadores y por lo tanto debemos seguir toda una serie de mandamientos, los cuales ante tanta negación sólo nos incitan a llevar a cabo cada uno de ellos. Žižek diría que “La operación que sólo agrega un signo diacrítico lo cambia todo como en el desplazamiento del superyó del mandato prohibitivo de la ley simbólica ¡No matarás! a ¡No!…¡Matarás! ”[1].

El propio hombre se ha encargado de construir su mundo de tal manera que la felicidad resulte casi una imposibilidad, Lord Henry afirmaría a Dorian Gray que las dos cosas que nos gobiernan son “El terror de la sociedad, que es la base de la moral; el terror de Dios, que es el secreto de la religión”[2] . Tenemos una fascinación hacia el displacer y ante los hechos no hay manera de negarlo. Y luego por otro lado se encuentran nuestros gobernantes los cuales, tanto “malestar”ocasionan en el pueblo, pero la masa pide un amo, porque en tanto exista alguien que facilite todo, nos encontraremos en “comodidad” pero claro culpando, maldiciendo y deseando matar a aquel que tiene ese puesto, aunque nosotros seamos los que le otorguemos ese estatuto. César en la obra de Shakespeare afirmaría que “desde el nacimiento de la primera sociedad, la historia nos enseña que ningún hombre sigue siendo deseado una vez que ha conseguido el poder”[3].Al parecer uno de nuestros preciados candidatos podrá vivenciar las palabras del César. Indudablemente se les estima más cuando son candidatos sólo basta con encender la televisión o entrar a una red social y ver la cantidad de seguidores que tiene cada uno de ellos, pero en cuanto se pronuncien las palabras mágicas “el presidente de México es….” Hasta ahí llegarán sus seguidores y esa masa pasará a odiarlo como ha estado escrito a través de los años.

Hasta este momento podríamos decir que nuestro cuerpo no nos proporciona del todo la felicidad y por lo visto nuestros gobernantes aun menos, pero qué hay de los objetos ¿éstos si nos pueden proporcionar la felicidad? Definitivamente ¡No!

Nunca estaremos conformes con aquello que adquiramos, siempre existirá esa sensación de que falta algo más, falta algo que lo complemente, tan falta que intentaremos cambiarlos por uno y otro y otro objeto.

Žižek nos proporciona varios ejemplos que hacen alusión a esto, el primero de ellos el refresco de Coca- cola  el cual en su tapa se podrá descubrir que puede ganar otro refresco; o la compra de un reproductor DVD con el cual nos regalarán 5 DVD, ante esto observamos que siempre un producto nos quiere dar más como si por sí mismo no pudiese satisfacer la demanda del sujeto, lo cual es completamente cierto, en palabras de Žižek“La verdadera mercancía sería aquella que no necesitará ningún complemento, aquella que simplemente entregará enteramente lo que promete”[4]Y ese producto al parecer jamás existirá sólo será una fantasía.

Y… El amor ¿nos puede proporcionar la felicidad que tanto anhelamos? Freud en el malestar en la cultura nos habla del amor como aquello que es el centro de todo y por el cual experimentamos el amor sexual el cual nos proporciona la experiencia placentera más poderosa, quizá sea el medio por el cual nos acercamos más a esa “felicidad”, en tanto que al enamorarme  me enamoro de mi mismo, ya que si lo amo es porque hay algo en él que veo en mi o quisiera tener. El amor nos conduce a realizar tantas cosas que en algún momento desconocemos que es eso, y sobre todo que es lo que mueve ese deseo, el cual otorga una satisfacción que no pueden describirla ni los mejores poetas, ni literatos. Ese sentimiento por el cual se han escrito las mejores novelas y claro las peores tragedias.

“Jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado o su amor”[5].

Así pues, estamos condenados a seguir en busca de aquel ser que nos complemente aunque sólo sea una bella ilusión…

Siempre estaremos en constante tensión por todo lo que nos rodea, ya que como sujetos estamos destinados a vivir en ese estado y a buscar por siempre “la felicidad” un estado en el cual no exista tensión alguna, pero ese estado de plenitud irónicamente sólo lo podrá otorgar la propia muerte. El filósofo griego Epicuro lo plasmaría de la siguiente manera “mientras existimos, la muerte no está presente y cuando llega la muerte nosotros ya no existimos mirado así nadie se ha puesto triste por estar muerto”[6]

La única manera en que podremos comprender todo esto es con la afirmación que realiza Freud “el displacer no contradice el principio de placer”.Y en tanto que vivimos en un mundo que es lo que más nos proporciona, seamos positivos y digamos que efectivamente disfrutamos de la vida de una manera que nos ocasiona temor aceptar. La existencia de la felicidad existirá pero no como el planteamiento que otorga la sociedad, puesto que en el inconsciente pueden coincidir los opuestos.

 

 

Referencias

Fontenelle, M. (2005). Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En revista Este País.

Freud, S. (1996). Más allá del principio del placer.Obras completas volumen XVIII. Amorrortu editores, Buenos Aires.

Lacan, J. (2009). El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos  revela en la experiencia psicoanalítica. Escrito 1. Siglo veintiuno editores, México.

 


[1]Žižek,S. (2010). El títere y el enano: el núcleo perverso del cristianismo. Paidós, Buenos  Aires. Pág. 37.

[2]Wilde, O. (1992). El  retrato de Dorian Gray. Editorial Planeta, España. Pág. 28.

[3]Shakespeare, W. (2000). Antonio y Cleopatra. Edimat, Madrid, España. Pág. 20.

[4]Žižek,S. (2010). El títere y el enano: el núcleo perverso del cristianismo. Paidós. Buenos  Aires. Pág. 200 y 201.

[5]Freud, S. (1985). El malestar en la cultura.  Editorial  Iztacihuatl. México. Pág. 31.

[6]Gaarder, J.(2004). El mundo de Sofía .Editorial Grupo Patria Cultural. México. Pág.163.

Comments


Berenice Villa Figueroa

4 Comments

  1. Muy ilustrativo el artículo, tal vez sólo faltaría definir, ¿Qué es la felicidad?

  2. ¿Podríamos definir qué es la felicidad? yo lo pienso de la siguiente manera: cada uno va construyendo su propio concepto de lo que implica la felicidad y si cada uno tiene su particular concepto, cada uno buscará su particular forma de ser feliz.
    Gracias por tu comentario Iván

  3. buenos puntos de vista… . el mio… ya te lo mande inbox….. 😀

  4. Totalmente de acuerdo, me parece que vivimos en la una construcción simbólica de una felicidad impalpable, en la que están negados los objetos del amor, cuando en realidad las relaciones objetales son la etiología de la existencia.

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