2

Judas Iscariote, el mártir. Sobre el problema de la moral y justicia cristianas.

la_verdadera_historia_de_judas_iscariote

La justicia y los conceptos morales son escurridizos y elusivos. Siendo que no se encuentran sujetos a comprobación (por lo menos no a la tradicional) nadie puede desaprobar nuestras nociones de justicia, virtud y vicio. Están fuera del campo de acción del método científico.

Hablando de justicia y de la Biblia, el caso de Judas Iscariote es el más curioso y obscuro. Ustedes ya se saben la historia. Judas, uno de los 12 apóstoles de Jesús, es contactado por los fariseos y le ofrecen 30 monedas de oro a cambio de entregar a su maestro. Por la avaricia lo hace, consumando su traición con un beso en la mejilla, tras lo cual la horrenda visión de su pecado lo atormenta al grado de volverle loco y ahorcarse.

En los evangelios él no es más que un recurso deus ex machina, un personaje puesto ahí sin más motivo que ser el que, de manera muy romántica, traicionaría a su señor y empezaría el martirio de la pasión. Aunque el texto nos menciona que el motivo de sus acciones fue la avaricia, esto no es más que un accesorio, porque en el plan divino esto debía pasar, no importando lo que llevara a la traición. Está ahí para que la historia continúe.

Imaginando un caso hipotético, un contrafactual de la historia oficial, a Judas se le apareció un ángel divino y le dijo que debía entregar a Jesús para consumar la misión de este. Un acto malo con consecuencias deseables (según este punto de vista, claro). Contra sus deseos tendría que traicionar a su maestro, para permitir la realización de un propósito mayor. ¿Cuáles serían ahora nuestras conclusiones y nuestra percepción sobre Judas Iscariote?

Judas deja de ser un simple peón, como la historia original nos dice. Ahora es un verdadero héroe, que sacrificó su salvación eterna para que Jesús pudiera pagar por nuestros pecados y obtuviéramos la nuestra.

El-demonio-y-Judas-Iscariote

Este experimento mental ayuda a vislumbrar el problema de la ética de la religión occidental, que se ocupa poco de conocer la naturaleza y causas de la voluntad. Lo ineficiente de la moral blanca y negra radica en esa mente simplista. No podemos pensar que todos los actos “malos” traen consecuencias desagradables, y viceversa; ni que existe tal cosa como lo “bueno y malo por naturaleza”. Toda la ética y la moral son subjetivas y humanas, cuando aseveramos esto es cuando la justicia divina cae. Claramente es el caso del apóstol traidor. A Judas debería tocarle un gran galardón, o por lo menos eximirle de su culpa.

Sobre la subjetividad de la moral, Russell lo explica claramente:

“En primer lugar, no puede haber tal cosa como el “pecado” en ningún sentido absoluto; lo que un hombre llama “pecado”, otro puede llamarlo “virtud”, y aunque sientan antipatía recíproca por razón de esta diferencia, ninguno puede convencer al otro de un error intelectual. El castigo no puede justificarse sobre la base de que un criminal es “perverso”, sino solamente sobre la base de que se ha conducido de una manera que otros desaprueban. El infierno, como un lugar de castigo para los pecadores, se hace irracional.”[1]

Lo cuestionable de la realidad de la volición libre y pura también presenta un gran problema para el sistema moral de la ortodoxia cristiana. Como muestran los descubrimientos en fisiología y psicología, la voluntad libre es cada vez más improbable. Todo acto tiene una causa, deriva de nuestra personalidad y está es moldeada por experiencias y secreciones, muchas fuera de nuestro poder. ¿Cómo va a juzgarnos el Dios de Abraham, Isaac y Jacob si, prácticamente, no existe el concepto formal del libre albedrío? Todo tiene sesgo, no hay tal cosa como la virtud o la maldad pura. No somos dueños totales de nuestros actos ni vemos las cosas de la misma manera. Por lo tanto no puede existir una ley absoluta en la que todos estemos de acuerdo y por la cual todos estemos dispuestos a ser juzgados.

Image15904

El dogma de la religión occidental exige objetivismo en la moral, apelando a su origen divino. ¿De qué otra forma podría convencernos de dejar a un lado nuestras concepciones morales y seguir estrictamente una ley externa; a menos de que sea suprahumana?

Entonces, ¿En dónde radica el meollo del asunto? ¿En los resultados prácticos o en el valor intrínseco de las cosas? Si alguien mata al atacante de sus hijos ¿Es malo por haber matado, o bueno porque lo hizo defendiendo a su familia?

Los religiosos nos dicen que lo bueno es inmutable y eterno, no importa nuestra interpretación, o sus consecuencias. Los más implacables pragmáticos ven que sólo vale la pena fijarse en los resultados. Creo que nosotros, los que no deliberamos al respecto, nos movemos en el terreno intermedio. En los tiempos de paz tratamos de ser buenos según nuestros estándares y en tiempos de dificultad no nos importa faltar a nuestra moral, siempre y cuando obtengamos resultados deseables.

Este es un problema meramente humano, morirá cuando dejemos de existir, o cuando le encontremos solución. Creo que es más probable que muera con nosotros y quede como un enigma. Pero uno nunca sabe, tal vez es un problema que realmente tiene solución. Tal vez en un futuro lleguemos a ese anhelo a la Nietzsche de que el hombre sea súperhombre, y se encuentre más allá del bien y del mal.

Autor: Abraham Yasser Tame Peralta
Correo: ay.tame.p@gmail.com

[1] Russell Bertrand, Religión y Ciencia, Fondo de Cultura Económica, primera edición, México, 1951, pág. 163.

Comments


Salida de Emergencia

2 Comments

  1. El papel de Judas en la historia de la redención ya ha llamado la atención de unos cuantos. Borges, en una de sus ficciones, propone varias hipótesis. La primera de ellas (la más torpe) supone que Judas actuó solamente movido por la avaricia, lo cual resulta inverosímil tratándose de un apóstol, “uno de los elegidos para anunciar el reino de los cielos, para sanar enfermos, para limpiar leprosos, para resucitar muertos y para echar fuera demonios (Mateo 10: 7-8; Lucas 9: 1). Un varón a quien ha distinguido así el Redentor merece de nosotros la mejor interpretación de sus actos.”. La segunda hipótesis, inspirada en un texto de De Quincey (leer aquí), supone que Judas,impaciente ante la indiferencia que su maestro mostraba ante los asuntos políticos de su tiempo, decidió entregarlo “para forzarlo a declarar su divinidad y a encender una vasta rebelión contra el yugo de Roma.” La tercera hipótesis es de orden metafísico y Borges la resume así: “la traición de Judas no fue casual; fue un hecho prefijado que tiene su lugar misterioso en la economía de la redención: El Verbo, cuando fue hecho carne, pasó de la ubicuidad al espacio, de la eternidad a la historia, de la dicha sin límites a la mutación y a la carne; para corresponder a tal sacrificio, era necesario que un hombre, en representación de todos los hombres, hiciera un sacrificio condigno. Judas Iscariote fue ese hombre. Judas, único entre los apóstoles, intuyó la secreta divinidad y el terrible propósito de Jesús. El Verbo se había rebajado a mortal; Judas, discípulo del Verbo, podía rebajarse a delator (el peor delito que la infamia soporta) y ser huésped del fuego que no se apaga.”

    La única enseñanza que nos es posible sacar de estas distracciones es que, en un mundo en donde no existe lo contingente, en donde la consumación de cada acto no es más que la coronación de una serie infinita de causas y el manantial de una serie infinita de efectos, en un mundo regido por un Dios para quien el vago concepto de azar poco o nada significa, en un mundo así, digo, no existe lugar para el mal. Todos los actos, por muy crueles que sean, no sirven más que para hacer cumplir la voluntad del Señor, y puesto que la suma bondad es uno de los atributos divinos, necesariamente todo tendrá que ir parar en algo bueno.

    Todo esto lo digo siguiendo el razonamiento teológico, lo cual no significa que esté de acuerdo con él; en todo caso, los hechos siempre prescinden de nuestra aprobación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.